Los sueños han hablado. Hace poco soñé que tenía que hacer una iniciación para una mujer anciana con muletas.
Pero no funcionaba. La iniciación era con la Diosa Hékate y Lucifer. Alcanzaba a armar el altar y algo salía mal, y tenía que dejarla para otra vez. Obviamente esto remite a cosas bastante reales que han pasado respecto de las iniciaciones que están suspendidas por la pandemia.
Pero si, es algo que me ha dado vuelta.
He dejado fluir el odio. La emoción que siento es más bien la entrega, el dejarme llevar. Pero ese sentimiento de odio del que hablé anteriormente se está diluyendo y estoy llegando a algo que nunca pensé que llegaría. El perdón.
El perdón no es algo que me agrade. No se porqué lo relaciono con una debilidad, o con poner la otra mejilla. Pero en verdad las personas que siento que estoy perdonando no las veo hace tanto tiempo, que ya dudo que sean personas, son energías que siento extrañas, pero que probablemente son sólo imágenes de mi mente ya.
Por qué me aferré tanto tiempo a eso, no lo se. A veces lo único que funciona es el ritual. Así que después de esto, valoro aún más lo que hago, porque si bien la terapia me preparó, el click lo hice recién ahora.
Creo que soltar y rendirse es algo muy pisciano. Creo que suelto el control. Y me abro a la abundancia. Porque siento que lo que estoy removiendo es un bloqueo. Y que quitarlo me traerá prosperidad en todos los sentidos.
Así que si, ahora estoy dispuesta a perdonar, a tener compasión, a darme cuenta de que no necesito aferrarme a estos sentimientos. Que no me sirven, que no me hacen bien, y que no gano nada, al revés.
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